DESCUBRIMIENTO SORPRENDENTE EN ENTRE RÍOS: EL MISTERIOSO YAGUARUNDÍ APARECE EN UN PATIO.

gatonutria

Un extraño felino, conocido como yaguarundí o “gato nutria”, generó revuelo tras ser encontrado en el patio de una casa en Entre Ríos. Este hallazgo reaviva el interés por una especie esquiva cuya población, a pesar de su amplia distribución desde Texas hasta Argentina, podría estar más amenazada de lo que se creía, según recientes estudios.

El yaguarundí se distingue por su cuerpo alargado, patas cortas, orejas redondas y una cola larga, con un peso que oscila entre 3.5 y 9 kilogramos. Presenta dos variantes de color, rojiza y gris oscuro, y su apariencia se asemeja más a una nutria que a un gato común. A diferencia de la mayoría de los felinos, este animal es principalmente diurno, una adaptación que probablemente le permite evitar a depredadores nocturnos de mayor tamaño.

A pesar de estar clasificado como una especie de “preocupación menor” por la UICN, su verdadero estado de conservación es incierto debido a la escasez y dispersión de datos. Investigaciones recientes han creado un mapa predictivo que sugiere una mayor presencia del yaguarundí en zonas de vegetación arbustiva o áreas rurales cercanas a asentamientos humanos, así como en regiones con temperaturas y precipitaciones estables. Las estimaciones poblacionales varían de 35.000 a 230.000 individuos, un número considerado limitado para una especie de distribución continental.

Los expertos subrayan los desafíos para estudiar al yaguarundí debido a su naturaleza elusiva, lo que dificulta métodos tradicionales. Su pelaje liso también impide la identificación individual con trampas de cámara. Se insiste en la necesidad de mayores esfuerzos de conservación para los hábitats neotropicales donde reside. La subestimación histórica de la especie se atribuye a su amplia distribución y a su apariencia poco carismática. El yaguarundí cumple un rol ecológico crucial como regulador de pequeñas poblaciones y ayuda a mantener la conexión entre hábitats fragmentados. Aunque no es víctima del tráfico ilegal de pieles, enfrenta amenazas por la destrucción de su hábitat, la contaminación, el uso de pesticidas y la pérdida de sus presas naturales. Su conservación es vital no solo para la especie, sino para la red de ecosistemas fragmentados que habita.