UNA VERDAD INCÓMODA: LOS VÍNCULOS ENTRE CRISTINA KIRCHNER Y EL CHAVISMO.

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La relación entre Cristina Fernández de Kirchner y el chavismo no fue un gesto aislado ni una coincidencia diplomática circunstancial. Se trató de una alianza política sostenida, construida desde los tiempos de Hugo Chávez y profundizada luego con Nicolás Maduro, basada en afinidades ideológicas y en una visión común sobre el poder, el rol del Estado y la confrontación con Occidente.

Durante los gobiernos kirchneristas, Venezuela fue presentada como un “modelo alternativo”, aun cuando ya existían señales claras de deterioro institucional, persecución política y colapso económico. Lejos de tomar distancia, el kirchnerismo reforzó el vínculo.

RESPALDOS POLÍTICOS Y SILENCIOS ESTRATÉGICOS

Cristina Kirchner expresó en reiteradas oportunidades su apoyo explícito al proceso bolivariano. Ese respaldo se mantuvo incluso cuando el régimen venezolano fue denunciado por organismos internacionales por violaciones sistemáticas a los derechos humanos, fraude electoral y represión interna.

El silencio —o la relativización— frente a presos políticos, elecciones cuestionadas y éxodos masivos se convirtió en una constante. Para el kirchnerismo, Venezuela no era una dictadura: era un “país asediado”. Esa narrativa funcionó como justificación política durante años.

MADURO, EL HEREDERO DEFENDIDO

Tras la muerte de Hugo Chávez, Cristina Kirchner fue una de las dirigentes regionales que legitimó a Nicolás Maduro como su heredero político. Lo hizo en actos, declaraciones públicas y foros internacionales, aun cuando su liderazgo ya era ampliamente cuestionado dentro y fuera de Venezuela.

Ese respaldo no fue neutral. Contribuyó a normalizar un régimen que avanzaba hacia el autoritarismo, cerraba el sistema político y utilizaba al Estado como herramienta de control total.

EL COSTO DE ESA RELACIÓN

Hoy, con Maduro imputado por narcoterrorismo en Estados Unidos y señalado como responsable de una de las crisis humanitarias más graves del continente, los vínculos del kirchnerismo con el chavismo aparecen como una carga política difícil de eludir.

No se trata solo de afinidad ideológica, sino de responsabilidad histórica: haber apoyado, justificado y relativizado un régimen que terminó consolidándose como una dictadura.

UNA DISCUSIÓN QUE SIGUE PENDIENTE

La relación entre Cristina Kirchner y el chavismo nunca fue revisada críticamente dentro del peronismo. Tampoco hubo autocrítica ni distancia clara. Por el contrario, muchos dirigentes optaron por el silencio o la ambigüedad.

Esa es la verdad incómoda: el kirchnerismo no fue un observador externo del chavismo, sino un aliado político. Y en un escenario internacional que exige definiciones claras frente al autoritarismo, ese vínculo sigue siendo una deuda sin saldar.

Porque las relaciones internacionales también hablan de valores.
Y algunas fotos, discursos y silencios pesan más de lo que muchos quisieran admitir.