ESTADOS UNIDOS APUNTA A DIOSDADO CABELLO Y ADVIERTE: O COOPERA O SERÁ OBJETIVO DIRECTO.
Estados Unidos profundizó su estrategia para ordenar el escenario político venezolano tras la caída de Nicolás Maduro y ahora puso el foco directamente sobre uno de los hombres más poderosos del régimen: Diosdado Cabello. Desde Washington dejaron en claro que, si no coopera con el proceso de transición y la estabilización del país, pasará a ser un objetivo prioritario.
Cabello no es un nombre más dentro del chavismo. Durante años fue uno de los pilares del sistema de poder, con influencia directa sobre áreas sensibles del aparato de seguridad y señalado internacionalmente por su presunto vínculo con estructuras represivas y redes ilegales. Precisamente por ese rol estratégico, Estados Unidos considera que su posicionamiento será determinante en la etapa que se abre en Venezuela.
La advertencia es parte de un esquema de presión y negociación que busca evitar un vacío de poder y reducir el riesgo de una desestabilización mayor. En ese marco, Washington estaría ofreciendo a figuras clave del régimen la posibilidad de cooperar con una salida ordenada, a cambio de ciertas garantías. Pero el mensaje es claro: quien intente resistir o sabotear el proceso, enfrentará consecuencias severas.
En ese mismo tablero aparece también el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, a quien los análisis internos ven como más pragmático y potencialmente dispuesto a facilitar una transición negociada para preservar la estructura del Estado y evitar un colapso institucional.
La señal política es contundente: Estados Unidos ya no habla en potencial, actúa bajo la premisa de que el ciclo de Maduro está cerrado y ahora busca reordenar el poder real en Venezuela. En ese esquema, Cabello queda ante una disyuntiva histórica: adaptarse al nuevo escenario o convertirse en el próximo blanco.
La caída del régimen abre una etapa delicada, donde el mayor riesgo no es solo político sino también operativo: fragmentación del poder, internas, y la posible reacción de sectores armados que todavía responden a viejas lealtades. Por eso, la prioridad de Washington es clara: transición rápida, control del aparato coercitivo y estabilización del país.
El mensaje de fondo no admite muchas interpretaciones: el tiempo del chavismo como sistema se terminó; ahora empieza la disputa por cómo se administra su herencia.
