OLAS GIGANTES EN LA COSTA ATLÁNTICA: TRES EPISODIOS HISTÓRICOS, UN MISMO PATRÓN Y DISTINTOS DESENLACES
La reciente aparición de una ola de gran magnitud frente a la costa volvió a poner en agenda un fenómeno que, aunque poco frecuente, tiene antecedentes claros en la historia de la Costa Atlántica. La nota repasa tres episodios emblemáticos que marcaron a distintas generaciones y que, con matices, responden a condiciones naturales similares.
El primer caso se remonta a mediados del siglo XX, cuando una combinación de fuertes vientos, mareas inusualmente altas y tormentas persistentes generó un oleaje que avanzó sobre zonas costeras, causando destrozos materiales y obligando a evacuar sectores cercanos a la playa. En aquel entonces, la falta de sistemas de alerta y de infraestructura adecuada amplificó el impacto.
Un segundo episodio ocurrió décadas después, ya con mayor desarrollo urbano en la costa. Las olas gigantes volvieron a aparecer, pero esta vez el daño fue más acotado. La experiencia previa y una mejor comprensión del comportamiento del mar permitieron reducir riesgos, aunque el fenómeno volvió a evidenciar la vulnerabilidad de las zonas costeras frente a eventos extremos.
El tercer antecedente, más reciente, se dio en un contexto de mayor monitoreo meteorológico y oceanográfico. Si bien el oleaje volvió a sorprender por su fuerza, el desenlace fue distinto: hubo alertas previas, restricciones en zonas costeras y una respuesta más rápida de las autoridades, lo que evitó consecuencias mayores.
Aunque popularmente se habla de “tsunamis”, estos episodios no responden a movimientos sísmicos submarinos, sino a patrones climáticos específicos que pueden repetirse: tormentas intensas, presión atmosférica baja y vientos persistentes que empujan grandes masas de agua hacia la costa.
En conjunto, los tres casos muestran un mismo patrón natural, pero también una evolución en la forma de enfrentarlo. La experiencia acumulada, la tecnología y la prevención marcaron la diferencia entre el daño y la contención del riesgo.
El repaso histórico deja una conclusión clara: el mar puede sorprender incluso en costas conocidas, y la memoria de estos episodios es clave para no subestimar fenómenos que, aunque excepcionales, forman parte de la dinámica natural del Atlántico.
