MÁS ALLÁ DEL MITO: POR QUÉ “VENEZUELA NO ES EL FIN DE VACA MUERTA”.

PETROLEO VENEZOLANO

Diferencias clave entre ambos petróleos

Calidad y composición
El petróleo que sale de Vaca Muerta es mayoritariamente liviano y dulce, con una gravedad API elevada (alrededor de 39–42°) y bajo contenido de azufre. Esto lo hace fácil de bombear, transportar y refinar en productos de alto valor —como gasolinas y diésel— sin procesos complejos de tratamiento.

Por el contrario, el crudo venezolano, especialmente el proveniente de la Faja Petrolífera del Orinoco, es pesado o extrapesado, con baja gravedad API y alto contenido de azufre. Ese tipo de petróleo requiere diluyentes para poder transportarse y refinarse y sólo algunas refinerías especializadas pueden procesarlo eficientemente.

Demanda de las refinerías
Las refinerías modernas prefieren crudos ligeros y dulces porque maximizan la producción de combustibles de alta calidad con menores costos de procesamiento. El Vaca Muerta se ajusta a ese perfil global de demanda, mientras que el petróleo pesado venezolano suele ser menos deseado y se vende con descuentos respecto a crudos de mayor calidad.

¿Compiten realmente en el mercado?

Desde el punto de vista técnico y comercial, no compiten directamente. Varios analistas del sector energético señalan que aunque ambos crudos puedan convivir en el mercado internacional, su destino y valor no son equivalentes: uno es producto premium, el otro requiere infraestructura y procesos adicionales.

Incluso hay quien sostiene que el petróleo venezolano podría ser un complemento —no un sustituto— para ciertas refinerías que necesitan crudos más pesados para equilibrar sus mezclas, mientras que el crudo argentino más liviano satisface demandas ligadas a productos de mayor valor.

Más producción no necesariamente significa “reemplazo”

Incluso si Venezuela lograra incrementar su producción —algo que enfrenta desafíos técnicos, sanciones y déficits de infraestructura— su participación en el mercado global sigue siendo marginal respecto a la producción total de crudo, y su reingreso no movería los cimientos del precio internacional ni el mercado al cual apunta Vaca Muerta.

Además, Vaca Muerta ya es el principal motor del crecimiento petrolero argentino, con producción que ha crecido de forma sostenida y que hoy representa una parte significativa del total nacional.

Conclusión

El mito de que Venezuela “termina con Vaca Muerta” surge más de relatos simplificados que de análisis técnico del mercado energético. Las diferencias en composición del crudo, calidad, procesos de refinación y demanda global hacen que los dos recursos no sean intercambiables ni compitan de forma directa. El potencial de Vaca Muerta como fuente de energía de alta calidad y bajo costo de procesamiento sigue siendo una ventaja estratégica para Argentina, más allá de los vaivenes políticos o productivos que pueda experimentar Venezuela.