FONDOS BUITRE: CÓMO SE CONSTRUYE UN NEGOCIO MILLONARIO A PARTIR DE DEUDAS IRRISORIAS.
El juicio internacional por la expropiación de YPF volvió a sumar un capítulo sensible para la Argentina. En una audiencia reciente, el Estado se negó nuevamente a entregar información vinculada al oro del Banco Central, requerido por los demandantes como parte de su estrategia para garantizar un eventual cobro. El reclamo es impulsado por Burford Capital, uno de los fondos más conocidos en el negocio de la litigación internacional.
El caso pone en primer plano el funcionamiento de los llamados “fondos buitre”: actores financieros que compran derechos litigiosos o deudas en situación crítica por montos muy bajos y luego buscan cobrar el valor total, con intereses y penalidades, en tribunales internacionales. La rentabilidad no surge de producir ni invertir, sino de litigar contra Estados con historiales de incumplimientos y debilidad institucional.
En este esquema, la clave está en el origen del conflicto. La expropiación de YPF, decidida en un contexto de fuerte intervención estatal y sin cerrar adecuadamente los frentes legales, abrió la puerta a demandas multimillonarias. Años después, esos errores se transformaron en activos financieros para terceros que no participaron del proceso original, pero que hoy reclaman compensaciones astronómicas.
La insistencia en acceder a información sobre activos estratégicos, como el oro del Banco Central de la República Argentina, no es casual. Forma parte de una presión judicial destinada a demostrar capacidad de pago o a condicionar futuras negociaciones. Aunque el Estado argentino rechaza esos pedidos, el solo hecho de que se discutan en tribunales extranjeros refleja la fragilidad con la que se administraron decisiones clave del pasado.
Detrás de estos litigios no hay sorpresas, sino consecuencias. La combinación de populismo económico, uso político de empresas públicas y desprecio por las reglas básicas del mercado genera un terreno fértil para este tipo de negocios financieros. Los fondos buitre no crean el problema: lo detectan, lo compran barato y lo explotan con paciencia y abogados.
Mientras tanto, el costo no lo pagan quienes tomaron las decisiones originales, sino el conjunto de la sociedad. Cada juicio perdido o cada negociación forzada reduce margen fiscal, condiciona políticas públicas y debilita la posición internacional del país. Un recordatorio más de que las deudas mal gestionadas, aunque parezcan irrisorias en su origen, pueden terminar siendo extraordinariamente caras.
