EL GOBIERNO AVANZA CON LA REFORMA LABORAL Y BUSCA RESPALDO EMPRESARIO PARA ORDENAR EL MERCADO DE TRABAJO
El Gobierno nacional dio un paso concreto en su hoja de ruta legislativa al convocar a representantes del sector empresario para debatir una eventual reforma laboral. El encuentro se enfocó en escuchar diagnósticos, recoger propuestas y marcar una metodología que el Ejecutivo planea repetir con otros proyectos estructurales.
La iniciativa se da en un contexto de estancamiento del empleo formal, alta litigiosidad y un marco normativo que muchos actores consideran desactualizado frente a las nuevas dinámicas productivas. En ese escenario, la reforma laboral aparece como una de las discusiones más sensibles, tanto por su impacto económico como por su inevitable dimensión política.
Desde el oficialismo buscan evitar el esquema tradicional de imposiciones unilaterales y avanzar, al menos en esta etapa, con mesas de trabajo técnicas. El objetivo es llegar al Congreso con proyectos más sólidos y con cierto respaldo previo, reduciendo el margen para bloqueos corporativos o disputas ideológicas que históricamente trabaron este tipo de debates.
El diálogo con empresarios también funciona como una señal hacia los mercados y el sector productivo: sin cambios en las reglas laborales, resulta difícil pensar en inversión sostenida y generación de empleo privado. En paralelo, el Gobierno intenta diferenciarse de experiencias anteriores donde las reformas quedaban atrapadas entre el sindicalismo político y la utilización del conflicto laboral como herramienta de presión.
No obstante, el camino no está despejado. Cualquier intento de modernizar la legislación laboral reabre tensiones con sectores que defienden el statu quo, incluso cuando los indicadores muestran que el sistema actual excluye a millones de trabajadores del empleo registrado. La discusión de fondo no es solo legal, sino cultural y política.
La decisión de replicar esta dinámica de reuniones con otros proyectos revela una estrategia más amplia: ordenar la agenda de reformas sin improvisación, pero también sin postergaciones indefinidas. En un país con urgencias económicas acumuladas, el tiempo es un factor clave.
La reforma laboral, aún en etapa de discusión, vuelve así al centro del debate público. No como consigna, sino como una necesidad estructural que expone, una vez más, las consecuencias de décadas de parálisis, corporativismo y uso político del Estado.
