INDUMENTARIA EN ARGENTINA: PRECIOS ALTOS, POCA COMPETENCIA Y UN MODELO QUE YA NO CIERRA.

ROPA_ARGENTINA

La indumentaria es uno de los sectores donde el proteccionismo mostró con mayor claridad sus límites. Durante décadas, un mercado cerrado, con fuertes barreras a la importación, permitió a muchos actores locales vender sin competir en calidad, diseño o precio. La metáfora de “cazar en el zoológico” resulta ilustrativa: consumidores cautivos, oferta limitada y márgenes garantizados.

Este esquema no solo afectó al consumidor, que paga ropa cara y muchas veces de calidad inferior, sino que también frenó el desarrollo de un ecosistema creativo más ambicioso. La alta costura y el diseño de autor, que en otros países conviven con marcas globales y se nutren de la competencia, en Argentina quedaron relegados a nichos pequeños, sin escala ni proyección internacional.

La apertura comercial, lejos de destruir automáticamente la producción local, introduce una lógica distinta: obliga a diferenciarse. En ese escenario, la alta costura encuentra una oportunidad real para construir un modelo de negocios basado en valor agregado, identidad, diseño y talento, en lugar de depender de un mercado artificialmente cerrado.

Para las clases bajas y medias, la apertura del mercado de indumentaria tiene un impacto directo y concreto. Más competencia implica precios más bajos, mayor variedad y acceso a productos que hoy resultan prohibitivos. Vestirse deja de ser un lujo relativo y vuelve a ser un bien de consumo razonable, alineado con el poder adquisitivo real.

Además, la competencia externa suele empujar mejoras internas: eficiencia, reducción de costos improductivos y profesionalización. El proteccionismo prolongado, en cambio, tiende a consolidar estructuras ineficientes que dependen del Estado y del cierre comercial para sobrevivir.

Argentina quedó históricamente relegada en la industria global de la moda no por falta de talento, sino por un modelo que premió la comodidad antes que el riesgo. Repensar el segmento de la indumentaria implica aceptar que competir no es una amenaza, sino una condición necesaria para crecer, innovar y ofrecer mejores resultados tanto a consumidores como a creadores.