CÓMO QUEDA LA CÚPULA DEL RÉGIMEN CHAVISTA TRAS LA CAPTURA DE NICOLÁS MADURO.

MADURO

La captura de Nicolás Maduro provocó un fuerte reordenamiento en la cúpula del régimen chavista, que enfrenta ahora uno de los momentos más críticos desde su llegada al poder. Según detalla la nota, la estructura de mando quedó seriamente afectada y abrió una etapa de disputas internas y redefiniciones forzadas.

Tras la salida de Maduro del escenario, el poder quedó concentrado en un núcleo reducido de dirigentes políticos, militares y de seguridad que intentan sostener el control del Estado. Sin embargo, la ausencia del liderazgo central expone tensiones latentes entre distintas facciones del chavismo, que compiten por preservar cuotas de poder y garantizar su propia supervivencia.

El alto mando militar se convierte en un actor clave en esta nueva etapa. Las Fuerzas Armadas, históricamente utilizadas como sostén del régimen, pasan a ser el principal factor de equilibrio —o de ruptura— en un contexto de vacío político. La lealtad de los mandos y su capacidad de control territorial serán determinantes.

En el plano político, figuras del oficialismo buscan proyectarse como garantes de continuidad institucional, aunque con escaso margen de legitimidad y bajo fuerte presión internacional. La fragmentación del poder debilita la capacidad de respuesta del régimen frente a una crisis que combina aislamiento externo, deterioro económico y desgaste social.

La captura de Maduro también impacta en los aparatos de inteligencia y seguridad, pilares fundamentales del control interno. Sin un liderazgo claro, estos organismos enfrentan dificultades para coordinar acciones y contener posibles fisuras dentro del propio sistema.

En este escenario, el chavismo queda atrapado entre dos alternativas: intentar una transición controlada que preserve intereses clave o profundizar un esquema de cierre autoritario para evitar el colapso. Ambas opciones presentan altos riesgos en un contexto de presión internacional creciente y una sociedad venezolana exhausta.

En síntesis, la captura de Nicolás Maduro no solo altera el liderazgo, sino que deja al descubierto la fragilidad estructural del régimen chavista, que ahora enfrenta una etapa de redefinición marcada por la incertidumbre, las disputas internas y un futuro político abierto.