CRUCE POLÍTICO POR LOS COMEDORES: JORGE MACRI APUNTA A IRREGULARIDADES Y GRABOIS RESPONDE CON ACUSACIONES
El enfrentamiento entre Jorge Macri y Juan Grabois dejó al descubierto una disputa más profunda que un simple intercambio de declaraciones. En el centro de la polémica aparecen las auditorías sobre comedores comunitarios y organizaciones sociales, un terreno históricamente sensible y atravesado por la política.
Desde el gobierno porteño sostienen que los controles detectaron inconsistencias en el funcionamiento de algunos comedores, con registros incompletos, falta de rendición clara y desvíos entre los recursos asignados y la asistencia efectiva. La postura oficial apunta a transparentar el sistema y a garantizar que la ayuda llegue a quienes realmente la necesitan.
Del otro lado, Grabois rechazó las acusaciones y denunció una avanzada contra las organizaciones sociales, a las que presentó como el último sostén frente a la crisis económica. En su respuesta, buscó correr el eje del debate hacia una supuesta estigmatización de los movimientos populares, evitando entrar de lleno en el detalle de los controles cuestionados.
El choque no es casual ni aislado. La administración de la asistencia social fue durante años un territorio con escasa fiscalización, donde muchas organizaciones construyeron poder territorial, recursos y capacidad de presión política. El intento de ordenar ese sistema inevitablemente genera resistencia.
El trasfondo del cruce revela una tensión estructural: la necesidad del Estado de auditar y transparentar el uso de fondos públicos frente a un entramado de intermediación social que, en muchos casos, funcionó sin controles efectivos. La discusión ya no pasa solo por los comedores, sino por quién administra la pobreza y bajo qué reglas.
En ese marco, el debate entre Macri y Grabois sintetiza dos modelos opuestos: uno que plantea control, eficiencia y rendición de cuentas, y otro que defiende estructuras construidas al calor del conflicto social y la lógica de la movilización permanente.
