EL MUNICIPIO INTERVINO ANTE EL RIESGO EN LA ROTONDA DE SAN FELIPE Y LOGRÓ AVANCES PARA MEJORAR LA SEGURIDAD VIAL.

ROTONDA SAN FELIPE

Durante un largo período, la rotonda de San Felipe fue sinónimo de riesgo. Calzada deteriorada, falta de mantenimiento y condiciones poco claras de circulación convirtieron ese sector en una verdadera trampa vial, especialmente en horarios de alto tránsito y en días de lluvia.

Frente a este escenario, el Municipio activó gestiones ante los organismos correspondientes para que se atienda una situación que excedía lo anecdótico y comenzaba a rozar lo estructural. No se trataba solo de incomodidad para los conductores, sino de una amenaza concreta para la seguridad vial.

Las obras que finalmente comenzaron apuntan a ordenar la circulación, mejorar el estado del pavimento y reducir los márgenes de error en un punto clave de acceso y egreso de la ciudad. El objetivo es claro: que el rulo deje de ser un factor de incertidumbre para quienes transitan por la zona y pase a cumplir la función para la que fue concebido.

El caso vuelve a poner en evidencia una constante: cuando el Estado no actúa a tiempo, el deterioro avanza y el costo lo pagan los vecinos. En este contexto, la intervención municipal aparece como una respuesta necesaria para corregir una situación que llevaba demasiado tiempo sin resolverse.

Si bien aún resta completar etapas y consolidar las mejoras, el inicio de las obras marca un cambio de rumbo. La expectativa ahora está puesta en que los trabajos se sostengan en el tiempo y no queden reducidos a una solución parcial, como tantas veces ocurrió con la infraestructura vial.

La seguridad en el tránsito no es un tema menor ni accesorio. Es una responsabilidad directa de la gestión pública y un indicador concreto de la eficiencia —o ineficiencia— del Estado en su función básica de cuidar a quienes circulan por la por las rutas de acceso de la ciudad.