LA RESPONSABILIDAD DEL KIRCHNERISMO EN LA QUIEBRA DE SANCOR: CUANDO LA POLÍTICA ECONÓMICA FUE MÁS FUERTE QUE LA RAZÓN EMPRESARIAL.
CUANDO LA POLÍTICA SE INTERPONE EN LA ECONOMÍA
Parte de la explicación de la profunda crisis que atraviesa SanCor tiene que ver con una deuda impaga de origen internacional. El vínculo comercial con Venezuela, que implicó exportaciones de leche en polvo a cambio de pagos escalonados, se volvió un pasivo crítico cuando Caracas dejó de cumplir con sus compromisos. En su punto más alto, la deuda superó los US$30 millones, y todavía siguen pendientes unos US$18 millones que la empresa no ha logrado recuperar.
Ese esquema no surgió de manera espontánea: fue parte de un acuerdo bilateral entre ambos gobiernos a mediados de la década del 2000, cuando Néstor Kirchner y Hugo Chávez impulsaron un fideicomiso de intercambio que incluyó a SanCor como proveedor clave. El objetivo fue ampliar el comercio bilateral y sostener a la cooperativa, que atravesaba dificultades financieras profundas en aquel momento.
UNA DECISIÓN POLÍTICA CON COSTOS EMPRESARIALES
La apuesta por el mercado venezolano y el blindaje político a esa relación comercial le permitieron a SanCor sostener operaciones que, de otro modo, habrían sido inviables. Pero cuando la crisis económica de Venezuela se profundizó y el país entró en default, los pagos se detuvieron por completo, dejando a la empresa con un pasivo financiero que impactó directamente en su liquidez.
Esa deuda no fue un accidente técnico: fue producto de un marco político y diplomático que priorizó la alianza ideológica por encima de los riesgos comerciales. El kirchnerismo favoreció el acuerdo con Venezuela incluso a costa de desestimar otras opciones de financiación o asociación empresarial que podrían haber fortalecido a SanCor de manera más sostenible.
MÁS ALLÁ DE LA DEUDA: UNA HISTORIA DE OPACIDAD
La deuda venezolana no fue el único problema de SanCor: la cooperativa ya enfrentaba desafíos estructurales, malas decisiones de gestión y conflictos sindicales. Pero la pérdida de divisas por ventas impagas a uno de sus principales clientes exacerbó su crisis interna, afectando su capacidad de invertir, pagar proveedores y mantener operaciones.
Los esfuerzos diplomáticos por recuperar ese dinero no prosperaron bajo distintos gobiernos, lo que dejó a SanCor sin una herramienta efectiva para recuperar esos activos y aliviar parte de su agujero financiero.
UN CAPÍTULO AMARGO PARA UNA EMPRESA EMBLEMÁTICA
Fundada como una cooperativa de productores lácteos, SanCor llegó a procesar millones de litros diarios y ser uno de los símbolos del sector agroindustrial argentino. La combinación de decisiones políticas, dependencias comerciales arriesgadas y cambios macroeconómicos globales terminó por dejar a la empresa al borde de la quiebra, con plantas paralizadas y una intervención judicial en marcha.
La lección de la crisis de SanCor es clara: cuando la política económica se mezcla sin rigurosidad con la estrategia empresarial, los costos no se pagan solo con discursos, sino con empleos, industrias y futuro productivo.
