MÁXIMO KIRCHNER Y KICILLOF MIDEN FUERZAS EN LA INTERNA DEL PJ BONAERENSE Y ZÁRATE QUEDA EN EL MAPA DE LA DISPUTA.

KICI_KIRCHNER

La interna partidaria se desarrolla en 16 municipios de la provincia de Buenos Aires, luego de que no pudiera replicarse en esos distritos el entendimiento alcanzado para la conducción provincial del PJ. El trasfondo es la pulseada todavía abierta entre el espacio que responde a Axel Kicillof y el kirchnerismo referenciado en Máximo Kirchner, una disputa que busca definir quién conduce el aparato peronista en el territorio bonaerense.

El dato político no es menor. Mientras Kicillof encabezará la lista de consenso para la presidencia del Consejo partidario provincial, Máximo Kirchner retiene centralidad en la estructura del peronismo bonaerense y en el Congreso del partido. Esa convivencia forzada, por ahora, no resuelve el conflicto de fondo: quién ordena al PJ, quién arma las listas y quién administra el poder local en una etapa donde el peronismo intenta reconstruirse tras sucesivas derrotas y en medio de viejas tensiones no resueltas.

Entre los distritos más observados aparecen Morón, San Miguel y Tres de Febrero, donde la disputa interna tiene peso propio por la relevancia política de sus actores. En Mar del Plata, además, el espacio vinculado a Kicillof busca desplazar al sector más identificado con el cristinismo, en un distrito de fuerte volumen electoral dentro de la interna.

En la Segunda Sección, Zárate también quedó alcanzado por esa lógica de confrontación. Allí están habilitados 6.485 afiliados para votar entre Ana María Almirón, alineada con Sergio Berni y Agustina Propato, y Leandro Matilla, actual presidente del PJ local y referente del Movimiento Derecho al Futuro. La compulsa vuelve a mostrar cómo el peronismo territorial sigue atravesado por múltiples terminales de poder, con sectores que intentan preservar posiciones y otros que buscan reposicionarse en la nueva etapa.

Más allá de los nombres, la elección confirma un problema estructural del peronismo bonaerense: la dificultad para ordenar liderazgo, representación y estrategia bajo una sola conducción. La falta de acuerdo en 16 municipios no parece un episodio menor ni meramente administrativo. Expone, en cambio, una disputa por el control político del partido, por los recursos de la estructura y por la capacidad de condicionar el futuro opositor en la provincia más importante del país.

Cuando el peronismo no logra sintetizar sus diferencias, la interna deja de ser un mecanismo de normalización y pasa a ser una vidriera de su fragmentación. En ese escenario, cada distrito se convierte en una señal sobre el reparto de poder real, y también sobre los límites de un esquema que todavía arrastra personalismos, internas cruzadas y una lógica de construcción más enfocada en la caja y el control que en una renovación política genuina.