NISMAN, LA PISTA IRANÍ Y UNA HERIDA ABIERTA PARA EL KIRCHNERISMO.

ALBERTO NISMAN ANIVERSARIO

El aniversario de la muerte de Alberto Nisman vuelve a poner en primer plano una causa que excede lo judicial y se convirtió en un símbolo institucional. Nisman era el fiscal a cargo de la investigación por el atentado a la AMIA y sostenía, con respaldo de informes y pedidos de captura internacionales, la responsabilidad de funcionarios del régimen iraní y de Hezbollah.

La pista iraní y el núcleo del conflicto

La llamada “pista iraní” fue validada por organismos judiciales argentinos y por alertas rojas de Interpol. No se trató de una hipótesis marginal, sino del eje central de la acusación por el atentado terrorista más grave de la historia argentina, ocurrido en 1994 contra la AMIA.

Ese camino investigativo chocó de frente con una decisión política posterior: el Memorándum de Entendimiento con Irán, impulsado durante los gobiernos kirchneristas. Para Nisman, ese acuerdo no buscaba avanzar en la causa, sino desactivar las alertas y normalizar relaciones con los acusados. Esa denuncia fue presentada días antes de su muerte.

Por qué incomoda al kirchnerismo

El caso es un problema estructural para el kirchnerismo porque conecta tres planos sensibles: política exterior, uso del poder del Estado y Justicia. La denuncia de Nisman apuntó a un presunto encubrimiento a favor de Irán, lo que colocó a los principales dirigentes del espacio en el centro de una acusación de gravedad institucional inédita.

Desde entonces, la reacción política fue defensiva: desacreditar al fiscal, relativizar la pista iraní y correr el foco hacia debates secundarios. Una estrategia comunicacional que buscó diluir el contenido de la denuncia y transformar el caso en una disputa partidaria, en lugar de responder las preguntas de fondo.

Una causa que no se clausura

Más allá del paso del tiempo, el caso Nisman no se cerró ni política ni socialmente. La Justicia determinó que su muerte fue un homicidio, lo que refuerza la gravedad del contexto en el que ocurrió. Cada aniversario reactiva una demanda persistente: verdad y responsabilidades.

Para el kirchnerismo, el problema no es el recuerdo, sino lo que ese recuerdo representa. La pista iraní sigue vigente, el Memorándum sigue siendo una decisión política defendida por sus impulsores, y la muerte del fiscal sigue sin una respuesta definitiva que despeje las sospechas.

El caso Nisman permanece como un límite incómodo: recuerda que hay decisiones del poder que no prescriben en la memoria pública y que la política exterior, cuando se cruza con la Justicia, deja huellas difíciles de borrar.