POR QUÉ LA BAJA GLOBAL DEL DÓLAR ALIVIÓ LAS RESERVAS Y AYUDÓ A REDUCIR EL RIESGO PAÍS.
La reciente caída global del dólar generó un efecto positivo inmediato sobre las reservas internacionales de la Argentina. Al estar compuestas en gran parte por activos denominados en otras monedas —como euros, yuanes y oro—, su valuación en dólares aumentó automáticamente cuando la divisa estadounidense perdió fuerza frente al resto del mundo.
Este movimiento benefició el balance del Banco Central de la República Argentina, sin necesidad de que ingresen nuevos dólares genuinos a la economía. Se trata de un alivio contable, pero relevante en un país donde cada variación en las reservas tiene impacto político y financiero.
En paralelo, el debilitamiento del dólar coincidió con una mejora en los mercados emergentes, lo que favoreció la cotización de los bonos argentinos. Esa suba de precios se tradujo en una baja del riesgo país, indicador que mide la desconfianza de los inversores y que elabora JP Morgan a través del índice EMBI.
La caída del riesgo país no implica una normalización plena ni acceso inmediato al crédito, pero sí refleja un cambio de clima financiero. Menor aversión al riesgo global, expectativas de tasas más estables en Estados Unidos y cierta calma cambiaria local confluyeron para dar ese resultado.
Sin embargo, el trasfondo estructural permanece intacto. La mejora no surge de reformas profundas ni de un aumento sostenido de exportaciones, sino de un contexto internacional favorable. La dependencia de estos factores externos vuelve a poner en evidencia la fragilidad del esquema económico y la falta de margen propio para enfrentar shocks adversos.
En síntesis, la baja global del dólar funcionó como un viento de cola circunstancial: ordena algunos números, mejora indicadores y descomprime tensiones, pero no reemplaza las transformaciones de fondo que la economía argentina sigue postergando.
