SE DESINFLAN LOS TOURS DE COMPRAS A CHILE Y CAMBIA EL MAPA DE PRECIOS EN LA REGIÓN
Los llamados “tours de compras” a Chile, que durante buena parte del último año evidenciaron el atraso cambiario y las distorsiones de precios en Argentina, muestran señales claras de retroceso. Lo que supo ser un fenómeno masivo —con micros completos cruzando la cordillera para adquirir productos electrónicos, zapatillas y artículos de consumo— comenzó a desinflarse.
El cambio responde a varios factores. Por un lado, la actualización del tipo de cambio y la recomposición de precios internos redujeron la brecha que hacía extremadamente conveniente comprar del otro lado de la frontera. Por otro, los costos logísticos y las restricciones vinculadas a los controles aduaneros comenzaron a pesar más en la ecuación final.
Durante meses, la diferencia de precios llegó a justificar viajes organizados exclusivamente para hacer compras, especialmente en rubros como tecnología e indumentaria. En algunos casos, la disparidad superaba el 50%. Esa situación no sólo exponía la pérdida de competitividad local, sino también la presión impositiva y los desajustes acumulados en la estructura económica argentina.
Con la reciente normalización de variables macroeconómicas y una mayor estabilidad cambiaria, esa ventaja se achicó. Hoy, si bien siguen existiendo diferencias en determinados productos, ya no compensan de la misma manera los costos de traslado, alojamiento y el riesgo de superar los límites permitidos para el ingreso de mercadería.
El fenómeno deja una lectura más amplia: cuando los incentivos económicos están profundamente distorsionados, el consumo se reorganiza de forma abrupta. Lo que ocurrió con los tours a Chile fue, en buena medida, la consecuencia visible de años de desequilibrios, controles y presión fiscal que encarecieron artificialmente bienes en el mercado interno.
Ahora, con un escenario más ordenado en términos relativos, el flujo de compradores argentinos hacia el país vecino pierde intensidad. El desafío hacia adelante será sostener esa convergencia de precios sin volver a caer en esquemas que, tarde o temprano, terminan trasladando el problema al consumidor.
