PREOCUPACIÓN EN HARVARD: ESTUDIANTES QUE FALTAN A CLASE PERO IGUAL APRUEBAN CON BUENAS NOTAS.

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La Universidad de Harvard atraviesa un debate que expone tensiones profundas dentro del modelo educativo de las élites académicas. Profesores y autoridades manifestaron su preocupación ante un fenómeno cada vez más extendido: estudiantes que faltan de manera reiterada a las clases presenciales y, aun así, obtienen calificaciones altas.

El problema no se limita a la asistencia. Según docentes, el esquema de evaluación, cada vez más flexible, prioriza trabajos prácticos, entregas online y criterios amplios de aprobación que reducen el peso del seguimiento cotidiano y del compromiso en el aula. En ese contexto, la ausencia deja de ser una excepción para convertirse en parte del sistema.

La situación reabre una discusión más amplia sobre el rol de la universidad en la formación de hábitos, disciplina y responsabilidad. Para algunos académicos, el mensaje implícito es preocupante: el rendimiento puede desligarse del esfuerzo sostenido, lo que termina debilitando el principio del mérito, incluso en instituciones que históricamente se presentaron como sinónimo de excelencia.

El caso de Harvard funciona como síntoma de una tendencia más general en el mundo académico occidental, donde la adaptación permanente, la corrección política y la búsqueda de comodidad para el estudiante empiezan a tensionar los estándares tradicionales. El riesgo, advierten puertas adentro, es que el prestigio se sostenga más por la marca que por la exigencia real.